El secreto de las hadas
Imagina una casa de campo. La casa tiene que tener el techo de paja. La mía tendría una puerta azul con un picaporte de cobre amarillo. Las paredes de la tuya podrían ser de un gris pálido ribeteado de rosa. Junto a la puerta podrían crecer margaritas. Una luz dorada podría filtrarse por las ventanas hacia el exterior.
Ves la casa de campo y te das cuenta de que es lo que siempre habías querido, aunque un momento antes ni siquiera lo supieras. [···]
[···] -Tu eres Prilla, ¿verdad? -dijo Madre Paloma-. Prilla -acentuó la p y alargó las eles-. Has venido a donde perteneces, Prilla. Me alegro de que estés aquí. [···]

[···] ¡Oh! Las paredes y el techo del taller eran de un acero reluciente. La habitación era circular y el techo formaba una cúpula.
¿Podía ser…?, se preguntó Prilla.
Campanilla sonrió al ver su asombro.
Prilla vio la sonrisa de Campanilla y se sintó con valor para hacerle una pregunta.
-¿Estoy dentro de una gran… cazuela?
De nuevo aparecieron los hoyuelos en las mejillas de Campanilla.
-Era la tetera de un Torpe. La encontré en la playa.
Campanilla había arreglado a martillazos las abolladuras y había limpiado y pulido la tetera por dentro y fuera. Luego, con el poder de un mote de polvo de hada y el consejo de Madre Paloma, redujo su tamaño para poder introducirla en la Casa Árbol y, una vez dentro, la devolvió a su tamaño original. Giró el pitorro hacia abajo para adornar la puerta y perforó la tetera para que tuviera ventanas y puertas.
-¿Estamos dentro de una tetera? -exclamó Prilla, dando vueltas-. ¡Una tetera! ¡Madre mía! Tienes mucho talento, Campanilla. [···]
El Secreto de las Hadas
Gail Carson Levine
Este fin de semana he estado en el Pirineo -mi otro yo- me comentó que había oído hablar a un duendecillo, no le hice caso y destrocé sus casitas.
No me hubiera importado hablar con alguno y hubiera respetado sus habitáculos.
Un saludo.